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Las 13 abuelas que sanan la Tierra!

Son trece mujeres indígenas de todo el mundo reunidas por una múltiple reinvindicación: el respeto a la mujer, el valor de los ancianos, la preservación de sus culturas y la salvación de la Tierra y de todos los seres que la habitan.

Cuentan para su acción con medios casi exclusivamente espirituales: las Abuelas poseen la sabiduría que puede curarnos, basada en su contacto directo con la naturaleza y en las enseñanzas transmitidas de generación en generación. Enseñan a hacerle frente al desconcierto actual y la enfermedad con la fe, la tradición y la medicina natural. Desde el 2004 trabajan para todo el planeta en el Consejo Internacional de las trece abuelas indígenas.

El comienzo de la marcha

Fue Bernadette Rebienot, una bwiti con 23 nietos, la que un día visualizó el nacimiento del consejo de abuelas. En su Gabón natal, las reuniones de las ancianas en la selva para orar por la paz y el bienestar del mundo son habituales. Esta visión se materializó cuando Bernadette coincidió con Jyoti,una psicóloga clínica y guía espiritual estadounidense que viajó a África para estudiar con ella. Al comprobar que ambas coincidían en su visión, Jyoti movilizó a su organización, el Center For Sacred Studies, y organizaron tanto la reunión de las Abuelas como el Encuentro Planetario de Mujeres, celebrado en octubre de 2004 en Phoenix, Nueva York, donde las abuelas indígenas y un nutrido grupo de abuelas occidentales debatieron los retos del sistema social actual.

En ese encuentro fue creado el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas.

Su intención es recuperar la voz de la experiencia femenina en una labor que haga perdurar su saber protector a los descendientes de los próximos siglos. Actualmente trabajan para dar a conocer sus intenciones tanto a la clase política como a todos los ciudadanos del mundo.

Desde la primera reunión han celebrado varios encuentros: En Pojoaque, Nuevo México; en California; en la amazonia brasileña; en Oaxaca, México y, en setiembre de 2006, en Darhamsala don-de fueron recibidas por el Dalai Lama.

Berndette Rebienot

Bernardette nació en Libreville. Es madre de 10 hijos y ha trabajado como profesora y coordinadora de escuela. Además es sanadora, maestra del rito Iboga Bwiti y de los rituales de iniciación femeninos. Desde las selvas tropicales de Gabón, cuenta:

«Nuestro planeta está enfermo por los interminables estragos causados por la gente, la contaminación, la deforestación, los abusos de poder, los celos y el odio. La Tierra sufre de horribles guerras que transforman a la gente en monstruos. Además están las pandemias: el sida, la malaria, el cáncer y otras plagas. Estas enfermedades se agravan con el hambre, una pobreza que va en aumento, la muerte de ideas y culturas y el desprecio y rechazo del prójimo, cuna de todas las formas de discriminación. Hemos perdido el camino. La naturaleza nos lleva hablando desde hace ya algunos años y manifiesta su dolor con terribles y precisas catástrofes, a través del aire y el agua, el fuego y las olas de calor.

»He estado al servicio de la gente desde joven como doctora tradicional y sanadora, pero donde encuentro vida es en la selva. Es aquí donde todavía sé como convertirme en un todo con un paisaje lleno de miles de misterios. La selva no absorbe mi ser. Todo lo contrario, me permite capturar los secretos de lo invisible, de los que somos depositarios. Creo que pronto estos secretos se convertirán en valiosas brújulas para la humanidad. He elaborado remedios escuchando los secretos de la selva. He aprendido sobre la fragilidad y la infinita pequeñez de la humanidad, la vanidad de nuestros excesos y la efímera naturaleza de nuestra existencia. Me han enseñado la fuerza de la paz y la familia unida. La humanidad debe reconciliarse con la naturaleza. Los pueblos del futuro no serán aquellos que creen únicamente en la lógica, el reino de los números y el capi-tal; sino los que hayan entendido que la red de la sociedad del mañana se sustentará en el respeto y la consideración por el prójimo. Así el diálogo reemplazará a la guerra».

Agnes Baker-Pilgrim

Agnes Baker-Pilgrim es la mujer viva más vieja de los indios del río Rogue, los Takelma bamd de los grandes bosques al sur de Oregón, EEUU. Su tribu la considera una leyenda viva, embajadora de la MadreTierra.

«En mi pueblo existe una historia que cuenta que la única obligación que nos dejaron los antepasados fue rezar, por lo que me convertí en una oradora.

Viajo a diferentes países siendo una voz para los que no la tienen, porque todas las cosas creadas necesitan una voz. Se me pide que rece por los tigres de Bengala, por los animales de África, por los lobos, por el salmón o por el río Ganges de la India. Fui a Australia para rezar por el río Mu-rray-Darling y su contaminación y también lo hice por los cóndores y ahora están regresando a Oregón, después de haberse ido hace unos 200 años. Mi tribu me envía a regiones que necesitan oraciones y bendiciones. Se me envía a bautizar un barco, a estrenar edificios, a prestar testimonio en lugares protegidos y a luchar por la vida de plantas únicas. Me han llamado para dirigir plegarias y detener talas de bosques, o para ser grupo de presión en Washington y de este modo salvar nuestro lugar sagrado, Siskiyou, aquí en Oregón, que tiene flora que no crece en ningún otro lugar de la Tierra.

Hasta el momento, lo hemos conseguido y continuaremos luchando. Como miembro titular de mi tribu, las Tribus Confederadas de los Indios Siletz, he luchado para lograr mejoras en cultura y tradición.

He estado a las puertas de la muerte; sobreviví a un cáncer en 1982. Le pedí al Gran Espíritu que me salvara porque me quedaba mucho por hacer. El ha respondido a muchas de mis plegarias y yo reparto bendiciones porque se me ha permitido ser una mediadora.

»Ya es hora de que unamos nuestras oraciones a las de todos los pueblos de la Tierra. Juntos podemos acabar con los abusos a mujeres y niños, el hambre, la falta de protección de nuestras plantas medicinales y el consumo de drogas. Po-demos estar unidos sin que importe cuáles sean nuestras creencias religiosas o espirituales y luchar por salvar nuestra Madre Tierra y rescatar nuestra propia existencia.

Estamos todos juntos en esta “canoa agujereada” por lo que debemos ser fuertes y seguir hasta que nuestros corazones toquen tierra».
Flordemayo

Más al sur, en la frontera de Nicaragua y Honduras, la indígena maya Flordemayo aprendió de su padre chamán, y de su madre sanadora las costumbres y métodos de curación de su pueblo. La honradez y la espíritualidad son los pilares de su mensaje:

«Nunca me he preguntado qué he venido a hacer a este mundo; siempre he entendido mi objetivo a través de mi diálogo personal con el espíritu de mis antepasados, mediante visiones y sueños.

Crecí aprendiendo a interpretar sueños, era obligatorio en mi familia. El Consejo de las Abuelas estaba ya escrito en piedra para mí: era mi destino. Había oído hablar de él en las profecías del pueblo maya y también me fue otorgada una visión directa de que el Consejo se iba a reunir.

Elegí aceptar un puesto en el Consejo porque sentí que somos muchos en el mundo los que hemos perdido el contacto con lo básico. Las mujeres llevan más toxinas en sus cuerpos ahora que nunca. Es esperanzador volver a enseñar a la gente a cultivar y sobrevivir. Estamos reaprendiendo a cuidar la Madre Tierra. Con esto permitimos que el espíritu de las plantas y las aguas sagradas nos sanen.

»Creo que la tierra y los elementos tienen la capacidad de autocurarse. Quizás no ocurra durante nuestra vida, todo lleva su tiempo. Vivimos bajo una ley sagrada: la vida es un círculo. Nada está oculto, y siempre hay una razón para que las cosas ocurran. Creo que la sanación del mundo es posible. Pero para lograrlo se necesita un buen grupo de gente que crea en ello para hacerlo realidad.

»El mejor modo de curárnos a nosotros mismos es honrar nuestros espíritus libres. Honrándolos, nos volvemos comprensivos; cuando somos comprensivos nos volvemos honrados y podemos continuar con nuestras vidas. Tenemos que encontrar también nuestro propio camino individual. Puede costarnos toda una vida conseguirlo, pero es necesario».
La profecía del tambor

El Tambor de las Abuelas es uno de los instrumentos del Consejo. Fue construido en el año 2000 a partir de una visión de las indígenas de Alaska para convertirlo en el símbolo de su misión.

Tiene 200 cristales en su base en forma de tetera de unos dos metros de diámetro, y viaja por todo el mundo como un símbolo de unión universal.

Dicen que su sonido mueve almas y corazones. Su centro de piel de búfalo emite un estruendo clave para curar el mundo en la próxima década.

Las Abuelas recorren con él el Anillo de Fuego geológico de nuestro planeta, un fuego que si se activa, según la profecía de las Abuelas, renovará la voluntad global de reconciliación y paz.

Extracto del texto de o.Otxoa y Ramya
Ramanathan- Revista Integral

Compartido por La Vos de la Arboleda de Gaia

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ENTREVISTA A LA ABUELA AGNES BAKER PILGRIM

“Una vez al día hay que hacer callar el cerebro”

por Nuria Navarro – La Contra de El Periódico – 25/08/2008

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Preside el Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas, guardianas de enseñanzas ancestrales. El libro “La voz de las trece abuelas” que acaba de publicar Editorial Luciérnaga las condensa.

-En su tribu, la de los siletz, la conocen como Lucero del Alba.

-Mi nombre es Taowhywee, que significa Lucero del Alba, sí. Soy una leyenda viva. La guardiana de la Ceremonia Sagrada del Salmón.

– ¿Ceremonia Sagrada del Salmón?

-La hembra del salmón hace un peligroso viaje río arriba, deposita los huevos y muere dejándose arrastrar por la corriente. Su carne se va desmigajando y de ella se alimentan 33 tipos de pájaros y 44 otros animales.

-Cruel.

-Pues en el origen, los salmones eran como nosotros. Tenían dos patas y vivían en bellas ciudades en el fondo del océano. Pero eligieron cambiar de forma y sacrificarse para alimentarnos. Mi pueblo celebraba la ceremonia del salmón en el río Rogue desde hacía 22.000 años, pero los buscadores de oro ensuciaron el río hace 150 años… Yo he limpiado el río y he restaurado el rito para mostrar el valor de la reciprocidad.

– ¿Ese tipo de mensajes aporta el Consejo de las 13 Abuelas?

-Sí. Las abuelas, procedentes del Ártico al Nepal, y de Gabón al Tíbet, hemos creado una alianza para la educación y la sanación de la Madre Tierra. Trabajamos para las siete generaciones futuras. Nosotras, preocupadas por la destrucción de la naturaleza y de nuestras formas de vida indígenas, afirmamos que los dueños de la tierra son los niños y que el camino es la compasión.

– Fueron a decirle eso al Papa y las echó con cajas destempladas.

-Emocionadas, quisimos entrar en la basílica de San Pedro con nuestras plumas, tatuajes y bastones sagrados y la guardia vaticana nos echó de allí. Aun así, sé que nuestro mensaje llegó a Benedicto XVI.

– ¿Hicieron algo que molestara? ¿Algún cántico o baile o…?

– Solo rezar. Creo que su gesto fue una exhibición del poder patriarcal. Pero nosotros somos nutrientes, las dadoras de vida, las únicas que podemos llevar más de un espíritu en nuestro cuerpo. Somos las que, cada 28 días, damos nuestra sangre a la tierra. En el principio del mundo también había diosas, y los hombres intentaron acabar con eso, pero las Abuelas vamos a reparar ese daño.

– Suerte en la empresa. ¿Cómo trabaron relación entre ustedes?

-Desde el principio, este Consejo se originó en el mundo del espíritu. Todas, la mayoría mujeres medicina y sanadoras, fuimos llamadas para erradicar la ceguera espiritual. Unas, de niñas, y otras más tarde. Pero querrá saber cómo contactamos, ¿no?

– Así es.

-Jyoti, Jeneane Prevatt, directora del Centro de Estudios Sagrados, sintió la necesidad de dar a conocer la cultura de las abuelas indígenas. Mandó muchas cartas y las ancianas contestaron que sabían en lo más profundo de sí mismas que tenían que participar en el proyecto. Quedamos 13 y el Dalái Lama nos dijo que el mundo nos necesitaba. Trabajamos para proteger la tierra, la medicina tradicional, las lenguas y las ceremonias ancestrales.


Son mujeres, ancianas y humildes. Un difícil pun-to de partida.

¡Tenemos a nuestro Creador junto a nosotras! A medida que hagamos nuestro viaje, dejaremos una huella que permanecerá cuando ya no estemos. Nuestro mensaje de paz y de amor y nuestra preocupación por el agua y los bosques calarán. Estamos obligadas a preservar la belleza.

-No solo para su tribus, sino para el mundo.

– Sí. El viento, el agua, la lluvia, los animales y la vegetación no tienen voz, y nosotras les prestamos las nuestras.

– ¿Qué dicen el viento, el agua, la lluvia, los animales y la vegetación?

-Que nuestras sociedades deben ser autosostenibles o moriremos antes de lo que creemos. En nuestra tribu, por ejemplo, fabricamos latas de bebidas con pasta de trigo.

-Biodegradables.

-¿Quiere otro consejo? Hay que llevarse bien con la familia, ser agradecidos y llevar una vida libre de agentes químicos. ¡Eso es muy importante! Nuestro cuerpo es nuesto templo, y es nuestro deber mantenerlo limpio. Y aunque el mayor regalo que el Creador nos ha hecho es darnos el cerebro, una vez al día hay que hacerlo callar y dejar que hable el corazón. Eso equilibra.

-Así logró vencer al cáncer, asegura el libro de Carol Schaeffer.

-Lo logré al aceptar el camino espiritual. Hay medicinas tan eficaces como la sonrisa. Cuando sonríes, te iluminas como un sol y eso es bueno para ti y para los que te rodean.

-Ojalá eso curara.

-También sé que no soy nada sin el Creador, que es masculino y femenino a la vez.

– Eso sí que no sentará bien al Vaticano.

-Para que sientan lo que yo siento, tienen que caminar a través de mis palabras. Yo misma debo caminar sobre mis enseñanzas.

Compartido por Arboleda de Gaia

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ENTREVISTA A LA ABUELA JULIETA CASIMIRO:

“Los niñitos santos te dan la sabiduría y la maravilla”

por Ima Sanchís – . La Contra de La Vanguardia – 20/08/2008

“Tengo 73 años. Nací y vivo en Huautla de Jiménez, en México. Soy campesina. Enviudé hace poquito, tengo 10 hijos, y todos quedan; y 30 nietos y 20 bisnietos porque mis hijos son muy mujeriegos. A mí no me gusta la política, yo sigo el camino de Dios, del espíritu.”

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-Usted es una sanadora.

-Sí, gracias a Dios puedo ayudar un poquito.

-¿De quién aprendió?

-De mi suegra, Regina Carreras, que hacía sus trabajillos. Yo me casé con 17 años y desde entonces sé bordar, cocinar, cultivar mi huertito, fabricar artesanía y sanar a la gente. Ella me llevaba allí donde iba para que aprendiera su trabajo santo.

-Utiliza usted hongos sagrados.

-No me gusta que los llame hongos, porque hay gente que se confunde y no son cosas malas ni para divertirse.

-¿Teonanacatl?

-Carne de los dioses significa. Pero yo los llamo niños santos, porque son niñitos que salen de la madre tierra. Yo los tomé por primera vez tras tener mi primer hijo, porque se me cayó el cabello y me puse muy débil de los pulmones.

-¿Y qué pasó? Recibí imaginaciones, sofocos y recibí la fuerza y el conocimiento para vivir el mundo y para sanarlo.

-¿Son una puerta de entrada al mundo interior?

-Sííí, porque los niños santos te abren la mente y el corazón, no tie-ne nada que ver con el vicio, a estos niños nadie los siembra, cuando es tiempo salen solos, son medicina para nosotros.

-¿Medicina para el alma?

-Sí,a los niños se les consulta y hay que esperar, lleva tiempo. Pero te dan la sabiduría y la maravilla.

-¿Qué es la sabiduría?

-La luz del entendimiento. Cuando una persona toma los hongos sagrados y permite que yo la guíe, atraviesa los pensamientos y sentimientos cotidianos, lo superficial, y se adentra en sus miedos, y tiene visiones profundas y llega al conocimiento místico. No es un juego.

-No, no…

-Yo no lo hago por dinero.

-¿Qué es la maravilla?

-Estar de verdad en los cinco sentidos, aceptar y ver. ¿Y qué ves? La maravilla. De los honguitos no hay que abusar. Se le da a una persona un poquito, y luego, cada cabeza es un mundo, igual otro poquito, como lo sienta. Yo le he dado hasta los obispos y sacerdotes, porque lo necesitan.

-¿Los toman los sacerdotes?

-Sí, y también se los he dado a los policías. Se los doy porque si la gente está haciendo daño no hay que pegarles. No a base de metralleta y pistola entiende la gente. Así los policías cogen la razón, algunos claro, porque no todos aceptan estas cosas sagradas.

-¿Usted consigue que personas violentas se vuelvan más pacíficas?

-Yo lo he visto pues. Hasta un grupo de soldados en mi tierra, algunos enfermos, han venido a casa. Ellos hablan conmigo y yo les pregunto ¿qué quieres?

-Es una pregunta difícil de responder…

-Pues me dicen que están malitos del estómago, que les da asco la comida, que vomitan… Y yo les digo con respeto: “Si su jefe no le deja no me vaya usted a acusar, las medicinas que yo doy son buenas, si usted quiere las va a probar y va a sentir” y los niñitos les dan el equilibrio. Cada cabeza es un mundo. Y después vienen todos, después de haberle pedido permiso a su jefe, a mi pobre casa.

-Pobre pero poderosa.

-Yo represento a México, soy una abuelita indígena internacional y por eso andamos por el mundo, para mostrar nuestro trabajo y juntar nuestros espíritus y nuestras oraciones para conseguir la paz del mundo, para que la gente entienda que hay que cuidar la madre tierra porque tenemos hijos y nietos y ellos van a quedar aquí cuando usted, yo y el que nos lea nos hayamos ido.

-¿Usted ya sabía que haría este gran viaje por el mundo?

-Sí, claro, me lo dijo el niñito santo que iba a ampliar mi campo de cultivo y que para ello iba a viajar mucho, y aquí estoy. Los niños santos te lo explican todo si sabes preguntarles.

-¿Y qué curan?

-Si uno tiene fe y se entrega, lo pueden curar todo, te equilibran lo que se ve y lo que no se ve, y a mi casa ha venido gente con enfermedades muy malas.

-¿Le vienen a ver muchos extranjeros?

-Sí, muchos, muchos, mi hijita, durante los últimos cuarenta años ha venido mucha gente a curarse a mi casa y a recibir consejos. Y algunos trastornan las cosas, comienzan a decir “yo soy fulano” o “yo soy fulana” y es un lío, yo a esos los miro y no digo nada.

-¿Cómo sabe cuántos niños santos debe tomar cada persona?

-Pues lo siento, yo siento su cabeza, a veces estoy hasta cinco horas con una persona para que salga de su problema. Yo les pregunto primero: “¿Qué es lo que sientes?”, y luego ya les toco con mi mano y siento lo que tienen, les paso la mano y siento los quistes,

o el riñón malito, o lo que sea que tenga la persona. Yo rezo, hago mis cantos, les doy la medicina. Y luego, al cabo de las horas ellos me abrazan.

-¿A quién le pasará usted sus conocimientos?

-A una hija; pero todos mis hijos y mis nietos han tomado sus honguitos para que sepan. Yo guío a mi gente.

-¿Cree que las mujeres tienen algún problema?

-Sí, cuando no saben mantenerse por sí mismas, vivir se les convierte en problema.

compartido por La Voz de la Arboleda de Gaia.

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