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EL TAO DE LA NUTRICION

Del libro, el Tao de la salud, el sexo y la larga vida. Daniel Reid.

El Tao es la fuerza primigenia que produce todos los fenómenos del universo, de lo infinito a lo infinitesimal. El Tao, invisible pero omni­presente, impregna al mundo con el hálito de la vida, y aquellos que aprenden a ponerse en armonía con él pueden utilizar esta fuerza para mejorar y prolongar su propia vida.

Aunque los principios del Tao fueron formulados por primera vez en símbolos y palabras por los sabios de la antigua China, hace cosa de 5.000 años, el Tao es anterior a cualquier civilización humana y tras­ciende todos los límites de tiempo y espacio, de raza y cultura, ya que el Tao es el universal y perdurable Camino de la Naturaleza. Pero gracias a la sabiduría y la penetración de aquellos sabios que hicieron nacer la más antigua civilización que existe en nuestro mundo, la cultura tradi­cional china evolucionó siguiendo las líneas fundamentales del Tao, y aún hoy siguen conservándose sus principios en el corazón de todas las artes clásicas chinas, de la filosofía a la poesía, de la caligrafía a la co­cina, de la medicina a la meditación.

El Tao es algo más que una simple filosofía de la vida. Es toda una forma de vivir, y la única manera de obtener los beneficios prácticos que ofrece el Tao es cultivarlo y practicarlo.

El TAO de la salud.

Trofología: la ciencia de combinar los alimentos…

Esta forma de alimentación se basa en la combinación de los alimentos mediante su compatibilidad química que se ve reflejada sobre todo en los procesos de digestión donde entran en juego las distintas enzimas digestivas.

El aparato digestivo emplea distintas enzimas dependiendo de los alimentos que tenga que digerir, por ejemplo cuando tiene que hacer la digestión de proteínas y féculas segrega jugos ácidos y alcalinos que al mezclarse entre si se neutralizan dando lugar a que el proceso de digestión se interrumpa, y no alcanzando su objetivo que es la de aprovechar los nutrientes de dichos alimentos. Provocando asimismo trastornos digestivos que se derivan en otras enfermedades afectando así a todo el organismo.

La correcta combinación de los alimentos tiene una importancia decisiva para la buena digestión y metabolización. Sin una digestión com­pleta, el cuerpo no puede extraer ni asimilar bien los nutrientes ni si­ quiera de los más saludables alimentos. Además, la digestión incompleta y la insuficiente metabolización son las causas principales de la acumulación de grasas y colesterol en el cuerpo. Una dieta baja en calorías pero compuesta por alimentos sometidos a una excesiva cocción, elaborados y mal combinados, seguirá engordándole y dejando depósi­tos pegajosos en sus arterias, del mismo modo que una incorrecta mez­cla de combustibles deja depósitos de carbonilla en las bujías de un motor, atasca los pistones y produce gases de escape malolientes. Por otra parte, si los alimentos se combinan correctamente, no importa cuántas calorías ni cuánto colesterol contengan, porque no le harán en­gordar ni obstruirán sus venas ni sus órganos, especialmente si al menos la mitad de su dieta cotidiana está compuesta por alimentos cru­dos.

Combinaciones incompatibles:

· Proteína y fécula:

Es la peor combinación de alimentos que se puede dar en una misma comida, y aun así constituye el plato fuerte de las modernas dietas occidentales: carne con puré, hamburguesa con pa­tatas fritas, huevos con pan, etc. Cuando se consume una proteína y una fécula al mismo tiempo, la enzima alcalina ptialina se mezcla con la comida al mascarla en la boca. Cuando la comida masticada llega al estómago, prosigue la digestión de la fécula con otras enzimas alcalinas, lo cual impide que la proteína sea digerida por la pepsi­na y otros jugos ácidos. Esto permite que las bacterias siempre presentes en el estómago ataquen la proteína, con lo que se desenca­dena la putrefacción. Los nutrientes de la comida proteínica se vuel­ven casi inaprovechables para usted y producen desechos tóxicos y gases fétidos, en los que se encuentran venenos como el indol, el escatol, el fenol, el sulfuro de hidrógeno, el ácido fenilpropiónico y otros.
En tal caso, cabe preguntarse, ¿cómo es que el estómago no tiene ningún problema para digerir aquellos alimentos que por naturaleza contienen proteína y almidón, como los cereales integrales? Como señala el Dr. Shelton, «existe una gran diferencia entre la digestión de un alimento, por compleja que sea su composición, y la digestión de una mezcla de alimentos distintos. Ante un alimento simple que con­tenga una combinación de proteína y fécula, el cuerpo puede regular fácilmente sus secreciones, tanto en potencia como en sincronización, a las exigencias digestivas del alimento. Pero cuando se consumen dos alimentos con exigencias digestivas distintas, incluso contradictorias, esta precisa regulación de las secreciones resulta imposible».

Norma: Consuma las proteínas concentradas, como carne, pes­cado, huevos o queso, separadamente de las féculas concentradas como el pan, las patatas y el arroz. Por ejemplo, coma tostada o huevos para desayunar, la hamburguesa o el panecillo para almorzar, carne o pata­tas para cenar.

· Proteína y proteína:

Las proteínas distintas presentan distintas exi­gencias digestivas. Por ejemplo, la mayor acción enzimática sobre la leche se produce durante la última hora de la digestión, mientras que en la carne se produce durante la primera hora y en los huevos hacia la mitad de la digestión. Resulta instructivo recordar la antigua ley dietética que Moisés impuso a su pueblo, prohibiendo el con­sumo simultáneo de leche y carne.

Dos carnes parecidas, como el buey y el cordero, o dos clases de pescado como el salmón y las gambas, no son de naturaleza lo bas­tante dispar como para provocar un conflicto digestivo en el estó­mago y pueden, por tanto, ser consumidas al mismo tiempo.

Norma: Consuma únicamente una clase principal de proteína en cada comida. Evite combinaciones como carne y huevos, carne y leche, pescado y queso. Asegúrese de que asimila todos los aminoáci­dos imprescindibles variando el tipo de proteína concentrada que consume en cada comida.

· Fécula y ácido:

Cualquier alimento ácido consumido al mismo tiempo que una fécula o almidón interrumpe la secreción de ptialina, dato bioquímico en el que todos los médicos están de acuerdo. Por lo tanto, si come usted naranjas, limones u otras frutas ácidas -o ácidos como el vinagre- junto con una fécula, no habrá ptialina en la boca para iniciar la primera fase de la digestión de la fécula. En consecuen­cia, la fécula llega al estómago sin los jugos alcalinos imprescindibles para una correcta digestión, y se produce la fermentación bacteriana para inhibir por completo la digestión salival de las féculas en la boca basta con una sola cucharadita de vinagre, o su equivalente en otros ácidos.

Norma: Consuma ácidos y féculas en comidas separadas. Por ejemplo, si come tostada o cereales para desayunar, prescinda del zumo de naranja (igual que de los huevos). Si va a tomar una comida compuesta básicamente de féculas (arroz o cualquier clase de pasta), prescinda del vinagre y de todas las proteínas concentradas.

· Proteína y ácido:

Puesto que la correcta digestión de las proteínas exige un medio ácido, sería lógico suponer que los alimentos ácidos facilitan la digestión de las proteínas; sin embargo, no es éste el caso. Cuando los alimentos ácidos llegan al estómago, inhiben la secreción de ácido clorhídrico, y la pepsina (enzima que digiere las proteínas) solamente puede actuar en presencia de ácido clorhídrico, no de cual­quier ácido. Por lo tanto, el zumo de naranja inhibe la correcta diges­tión de los huevos, y un vinagre fuerte en la ensalada inhibe la diges­tión del bistec.

Norma: Evite combinar ácidos y proteínas concentradas en la misma comida.

· Proteína y grasa:

En la Physiology in Modern Medicine, de McLeod, en­contramos una afirmación compartida por todos los médicos: «Se ha demostrado que la grasa ejerce una clara influencia inhibidora sobre la secreción de jugos gástricos». Durante las dos o tres horas siguien­tes a la ingestión de grasa, la concentración de pepsina y ácido clorhí­drico en el estómago se ve considerablemente reducida. Esto retrasa la digestión de cualquier proteína que se haya ingerido junto con la grasa, permitiendo que las bacterias inicien la putrefacción de la pro­teína. Por eso las carnes grasosas como el tocino, los bistecs con grasa o las carnes magras fritas en grasa resultan tan pesadas en el estó­mago durante varias horas después de haberlas comido.

Norma: Consuma las grasas y las proteínas concentradas en distin­tas comidas. Cuando no pueda evitar mezclarlas, acompáñelas de abundantes verduras crudas para facilitar su digestión y su paso por los intestinos.

· Proteína y azúcar:

Todos los azúcares sin excepción inhiben la secre­ción estomacal de jugos gástricos. Esto se debe a que los azúcares no se digieren en la boca ni en el estómago, sino que pasan directamente al intestino delgado para su digestión y asimilación. Cuando se consu­men en combinación con alguna proteína, como un pastel después de Un bistec, no sólo inhiben la digestión de las proteínas al inhibir la se­creción de jugos gástricos, sino que los propios azúcares quedan atra­pados en el estómago en lugar de pasar rápidamente al intestino del­ gado, y esta demora permite que las bacterias fermenten el azúcar liberando toxinas y gases nocivos que aún perjudican más la digestión.

Norma: Evite el consumo de azúcares y proteínas en la misma comida.

· Fécula y azúcar:

Se ha demostrado que, cuando el azúcar llega a la boca acompañado de una fécula, la saliva segregada durante la masticación no contiene ptialina, lo cual sabotea la digestión de la fécula antes de que alcance el estómago. Además, esta combinación impide que el azúcar pase más allá del estómago hasta que termina la digestión de la fécula, provocando así fermentación. Los subproductos de la fermentación del azúcar son ácidos, cosa que aún inhibe más la digestión de las féculas, que necesitan un medio alcalino. El pan (fécula) con mantequilla (grasa) es una combinación perfectamente compatible, pero cuando se le añade una cucharada de miel o mermelada se están introduciendo azúcares en la mezcla, y eso perjudica la digestión de la fécula contenida en el pan. El mismo principio se aplica a los cereales del desayuno endulzados con azúcar, a los pasteles muy azucarados, las tartas dulces y demás.

Norma: Consuma féculas y azúcares por separado.

· Postres:

Hay que evitar toda clase de postres dulces tras una gran co­mida, pues esta clase de alimentos combina mal con todo- Incluso las frutas frescas deben evitarse tras una gran comida, pues se acumulan en el estómago y fermentan en vez de digerirse. Si le tientan las golo­sinas y le apetece comer tartas, dulces y pasteles, puede darse el gusto de vez en cuando y hacer una comida completa a base de ellos. No es que así vayan a hacerle mucho bien, pero al menos si los consume solos no le provocarán tantas molestias gástricas ni producirán tantos subproductos tóxicos como si los consume después de una comida.

Norma: Evite los postres dulces feculentos, así como las frutas después de una gran comida a base de proteínas o hidratos de carbono.

ALIMENTACION ADECUADA PARA LA SALUD Y LA LONGEVIDAD

Quienes se alimentan según las normas de la naturaleza rara vez presentan síntomas de trastornos gástricos, pero en Occidente suele darse por sentado que una comida abundante ha de provocar algún tipo de molestias gástricas, de modo que muchos occidentales tienen la costumbre de acudir al restaurante o a una cena bien provistos de an­tiácidos y otros medicamentos para el estómago.

A fin de orientar al lector por el camino de los hábitos alimenta­rios naturales y saludables que favorecen la longevidad sin sacrificar el placer de la comida, las páginas siguientes ofrecen una serie de indica­ciones prácticas sobre la forma correcta de combinar y consumir los principales tipos de alimento que constituyen la dieta humana: las proteínas, los hidratos de carbono, las grasas, la fruta fresca y las verduras crudas.

Cómo consumir las proteínas

Jehová habló a Moisés y le dijo: «He oído murmurar a los hijos de Israel. Dirígete a ellos y diles: Al anochecer comeréis carne, y por la mañana os llenaréis de pan». En otras palabras, Jehová inició a Moisés en las leyes de la trofología, al ordenarle que enseñara a su pueblo a consumir las proteínas y los hidratos de carbono en comidas separadas. También les prohibió que consumieran carne y leche al mismo tiempo. Se trata de la más antigua y más acertada recomendación dietética de que hay constancia en la historia de la civilización occidental, pero, a di­ferencia de los orientales, que siguen respetando la sabiduría de sus antepasados, los occidentales rechazan las enseñanzas del pasado por «an­ticuadas» y «anticientíficas». Por otra parte, como ya lo dijo un gran científico nutricional norteamericano, el Dr. Tilden, «la Naturaleza jamás ha producido un bocadillo».

Las proteínas son un alimento poderoso y exigen condiciones espe­ciales para ser digeridas y liberar sus nutrientes. Si se desea combinar proteínas animales con otro alimento, la mejor elección son los vegeta­

les no feculentos, como las verduras, las coles, los brotes, etc., y con­viene consumirlos crudos en forma de una abundante ensalada. Las proteínas concentradas de origen animal no deben entrar en más de una comida al día, aunque otras proteínas ligeras de origen vegetal, como el requesón de soja (tofu) pueden tomarse más a menudo. En rea­lidad, las proteínas ligeras de origen vegetal pueden sustituir completa­mente a la carne en la dieta humana: entre 3/4 y 1 kilo de semillas y frutos secos crudos por semana, por ejemplo, cubren todas las necesi­dades de grasas y proteínas y eliminan el hambre metabólica de carne, huevos y demás proteínas de origen animal.

Cómo consumir los hidratos de carbono

Los hidratos de carbono son feculentos y no deberían combinarse con ninguna proteína concentrada. Lo que mejor combina con las fé­culas son las frutas no ácidas y las verduras frescas crudas o ligeramente

cocidas. Si le gustan las patatas, la pasta o la repostería, haga una co­mida completa con ellas, pero no les añada huevos, carne ni queso. La mayoría de la gente prefiere consumir su comida de hidratos de carbono como desayuno, ya sea en forma de tostada o de cereales. In­cluso un estómago en perfectas condiciones necesita unas 12 horas para restaurar el equilibrio digestivo tras ingerir una combinación de alimentos incompatibles, por lo que una mala combinación en el desayuno le estropeará la digestión para el resto del día, tome lo que tome en el almuerzo o en la cena. Uno de los peores desayunos consiste en cereales secos endulzados con azúcar refinado y empapados en leche Pasteurizada. Las tostadas con mermelada son casi igual de malas. Los que muchos adultos suelen prescindir por completo del desayuno o se limitan a tomar un café y una tostada sin acompañamiento, lo cual constituye una combinación perfectamente aceptable.

Al igual que con las proteínas, no debería tomarse más de una co­mida diaria a base de hidratos de carbono, y habría que evitar combinar dos féculas muy distintas en la misma comida. Ya que las proteínas y las féculas son los principales antagonistas en la trofología, lo mejor es se­parar las comidas en que se consumen por un mínimo de 10 o 12 horas, como el desayuno de pan y la cena de carne que Jehová reco­mendó a Moisés.

En el caso de las comidas feculentas, es aún más importante que con las proteínas no acompañarlas con agua, zumo de fruta, leche ni nin­gún otro líquido. La digestión de la fécula debe comenzar en la boca para que continúe en el estómago. Un sorbo de líquido ingerido junto con un bocado de fécula diluye tan considerablemente las secreciones salivales que la fécula llega al estómago sin haberse impregnado de la enzima alcalina tialina, con lo que se inhibe la digestión y se produce en cambio fermentación. Todos los hidratos de carbono deben ser cuida­dosamente masticados y bien ensalivados antes de tragarlos.

Cómo consumir las grasas

Las grasas pueden tomarse en combinación con hidratos de car­bono, frutas o verduras, pero hay que evitar las proteínas concentra­das. Las proteínas ligeras, no obstante, son relativamente compatibles con la grasa.

Dentro de la categoría de las grasas, evite todas las margarinas y demás sustitutos de la mantequilla, así como los aceites «hidrogenados». Los aceites vegetales hidrogenados están tratados de tal manera que, para descomponerlos, el estómago debería generar temperaturas de hasta 250 °C, lo cual quiere decir que son indigeribles. Las mejores gra­sas son la mantequilla y los aceites vegetales y de semillas prensados en frío y consumidos en su estado líquido.

Cómo consumir las ensaladas de vegetales crudos

Tanto el Dr. Herbert Shelton como V. E. Irons recomiendan con insistencia el consumo diario de una gran ensalada de vegetales frescos no feculentos, de preferencia justo antes de la comida principal a base de proteínas o hidratos de carbono. Además de proporcionar enzimas activas y masa fibrosa, las ensaladas de vegetales crudos son una excelente fuente de vitaminas, minerales, aminoácidos y otros nutrientes esenciales en su forman más asimilable.

Es muy importante consumir las ensaladas inmediatamente después de trocear sus ingredientes. Los vegetales crudos cortados y desmenuzados que se dejan reposar varias horas antes de su consumo pierden rápidamente muchos de sus valiosas enzimas v demás nutrientes a causa de la oxidación.

Preste atención al tipo de aliño que usa en sus ensaladas, sobre todo cuando vaya a combinarlas con un plato a base de proteínas. Un exceso de aceite o vinagre, por ejemplo, perjudica la digestión estomacal de las proteínas.

Las ensaladas crudas son especialmente beneficiosas para los niños en edad de crecer, pues proporcionan un abundante suministro de ele­mentos nutritivos vitales para los huesos y tejidos en crecimiento y limpian los jóvenes intestinos de los desechos tóxicos creados por el con­sumo de dulces y otros «alimentos basura». Aunque pueda parecerle extraño, los vegetales crudos constituyen una fuente de calcio orgánico para los huesos en crecimiento mucho mejor que la leche de vaca pasteurizada y desnaturalizada que tantos médicos y padres hacen beber a los niños para este fin. La leche contiene una gran abundancia de cal­cio, sin duda, pero la pasteurización lo vuelve prácticamente inaccesi­ble para el cuerpo. Si sus hijos presentan problemas de acné, granos y otras erupciones cutáneas, y están crónicamente estreñidos, pruebe a eliminar completamente la leche pasteurizada durante algunos meses y sustitúyala por zumos frescos de vegetales crudos, sobre todo jugo de zanahoria, y juzgue usted mismo los resultados. La leche al naturales igualmente buena para eliminar los problemas de la piel, pero hoy en día resulta casi imposible de encontrar. Además, al proporcionarles una verdadera nutrición que realmente llega al torrente sanguíneo y alimenta los tejidos, los vegetales crudos y sus zumos contrarrestan eficazmente la tan difundida afición a las golosinas que afecta a los niños cuyas comidas a base de alimentos elaborados y desnaturalizados fermentan y se descomponen en lugar de ser ingeridas y metaboliza­das. La afición crónica y desmedida hacia los dulces es síntoma claro de una deficiencia nutricional.

Cómo consumir las frutas

El aparato digestivo humano evolucionó a partir de una dieta de frutas y sus parientes cercanos, las nueces y las semillas. Es un hecho biológico que la fruta fresca y los frutos secos contienen todos los minerales, vitaminas, azúcares naturales y aminoácidos necesarios para la alimentación humana. Algunos «expertos» siguen asegurando lo con­trario, aduciendo que, dado que las frutas contienen pocas proteínas per se, resultan por tanto insuficientes para mantener la salud humana. Si bien es verdad que las frutas contienen muy pocas moléculas de pro­teínas complejas completas, como las que se hallan en la carne y los hue­vos, no es menos cierto que el cuerpo no puede utilizar las proteínas completas de la carne y los huevos. Antes debe dedicar un tiempo con­siderable a digerir y fragmentar estas proteínas, a fin de estructurar luego sus aminoácidos y para elaborar las proteínas específicas que ne­cesita el organismo humano. Las frutas frescas y los frutos secos pro­porcionan estos elementos básicos en forma de aminoácidos libres, así como todas las enzimas sinérgicas y vitaminas con que se asocian, con lo cual ahorran al cuerpo todo el tiempo, energía y esfuerzo digestivo que requieren las proteínas animales complejas.

Debido a una ignorancia de la trofología y de los rudimentos de la nutrición, se ha acusado injustamente a las frutas frescas de toda clase de crímenes alimentarios. El «experto» en nutrición Dr. William Henry Potter, en su libro Eating lo Live Long, condenó las frutas como «uno de los más perniciosos y reprensibles despropósitos dietéticos», y el Dr. Percy Howe, de la Universidad de Harvard, observó que la ma­yoría de la gente tiene problemas para digerir las naranjas junto con las comidas, aunque también advirtió que tales problemas desaparecían por completo cuando las naranjas se comían separadamente.

Es cierto que muchas frutas -especialmente los melones y las frutas ácidas- causan trastornos digestivos, fermentan en el estómago y pro­porcionan muy poco alimento cuando son consumidas indiscriminada­mente con otros alimentos incompatibles. Pero cuando se comen solas y en suficiente cantidad, las frutas frescas proporcionan todas las enzi­mas, vitaminas, aminoácidos y energía que el cuerpo necesita para una salud y vitalidad óptimas. También son sumamente depuradoras y desintoxicantes, siendo éste el motivo de que mucha gente experimente diarreas y otras molestias durante las primeras semanas de una dieta ex­clusivamente de frutas.

El culturista sueco Andreas Cahling, ganador de los codiciados títu­los de «Mister Europa» y «Míster Universo», es exclusivamente frugí­voro. No come carne ni productos lácteos, ¡y ni siquiera cereales o ver­duras! Y aun así, su cuerpo es tan robusto y su salud tan resistente como los de sus carnívoros competidores, que se sienten en la necesi­dad de consumir cada día varias libras de carne, docenas de huevos y li­tros de leche para acumular proteínas.

El mayor error que suele cometerse al emprender una dieta exclusi­vamente de fruta es el de no comer la suficiente cantidad. El segundo error consiste en desechar las partes más nutritivas de la fruta. La fruta se compone principalmente de agua. Los frugívoros como Andreas Cahling, por tanto, «liquidan» media docena de plátanos o una docena de manzanas o hasta un par de kilos de uva de una sentada. Y se comen siempre las fibras blancas entre los gajos de naranja, los corazones de peras y manzanas y la piel de las uvas, porque son las partes que contienen las enzimas más potentes y la mayor proporción de aminoácidos. Las semillas, corazones y fibras de la fruta deben masticarse bien, hasta darles una consistencia líquida.

La fruta proporciona sus mejores beneficios nutritivos cuando consume con el estómago vacío, pues buena parte de ella pasa directa- mente al intestino delgado. Pero, a menos que se alimente únicamentede frutas y zumos de fruta, debería usted limitar su consumo diario te una o dos comidas exclusivamente a base de frutas.

El hecho de comer fruta o beber zumo de fruta entre comidas a base de proteínas y féculas puede inhibir considerablemente su digestión, porque el estómago aún estará ocupado digiriendo las proteínas o los hidratos de carbono cuando reciba la fruta. Asimismo, las frutas dulces y las ácidas deben comerse en momentos separados, y no se ha de endulzar ninguna fruta con azúcar o miel, porque los otros azúcares no combinan bien con la fruta.

Si toma usted hidratos de carbono para desayunar y proteínas para cenar, puede prepararse un almuerzo muy saludable a base únicamente de fruta fresca (y cruda, por supuesto). Esta costumbre es particular­mente beneficiosa para los comedores de carne, ya que la comida a base de frutas proporciona enzimas activas, masa fibrosa fresca y ácidos naturales que contribuyen a eliminar los subproductos de la putrefac­ción del tracto intestinal y la corriente sanguínea. Como extensión de esta comida diaria a base de fruta, puede usted declarar un «día sema­nal de la fruta» en el que se alimentará exclusivamente de fruta fresca de la mañana a la noche.

Animate, es fácil!!!

Todo esto es mucho más fácil de poner en práctica de lo que pa­rece. El mayor obstáculo no es fisiológico, sino psicológico. Como Wal­ter Bahegot observó en cierta ocasión, «el dolor de una nueva idea es uno de los más intensos de la naturaleza humana… Sus ideas favoritas pueden ser erróneas; sus más firmes creencias, infundadas». Y sus ali­mentos favoritos pueden ser la causa fundamental de sus peores pro­blemas. Es un hecho comprobado que a la gente le resulta mucho más fácil creer una mentira que han oído repetir mil veces que una verdad que nunca habían oído antes. Primero hay que «desaprender» los vicios dietéticos arraigados desde la primera infancia, y luego familiarizarse con los datos objetivos sobre la dieta y la nutrición. Y para ello no hay que creer en la palabra de nadie. Si se limita a seguir el Tao de la ali­mentación y las normas de la trofología durante unos pocos meses, su propio cuerpo le proporcionará todas las pruebas necesarias, y, a menos que no le importen nada su salud y su longevidad, no tardará en adoptar estos nuevos hábitos como una parte natural y permanente de su vida diaria.

Los regímenes taoístas no exigen una rigurosa mortificación ni aburrimiento culinario. Utilizando su imaginación y sus conocimientos de trofología, le será fácil preparar comidas compatibles, digeribles y nutritivas que resulten muy agradables al paladar. Y, ¿qué problema re­presenta el poner de vez en cuando en la mesa algo de fruta fresca, fru­tos secos y semillas en lugar de cocinar un revoltillo incompatible? Asi­mismo, si deja la despensa vacía, estará motivado para salir con más frecuencia a comprar productos frescos y ricos en enzimas en lugar de recurrir a productos enlatados, elaborados y refinados que no le pro­porcionan ningún alimento y provocan numerosos trastornos en su aparato digestivo.

Por otra parte, comer aun en los más exóticos restaurantes no es ninguna excusa para cometer crímenes culinarios contra su or­ganismo. Puede encargar un menú perfectamente equilibrado y trofológicamente compatible en casi cualquier restaurante que prepare la comida al momento. Eso, desde luego, excluye a todos los estableci­mientos de comidas rápidas, donde ésta se prepara con mucha antela­ción a partir de productos elaborados. Pero en un restaurante italiano puede solicitar una buena comida a base de hidratos de carbono com­puesta por un plato de pasta con salsa de tomate (sin queso ni carne, por favor) y complementada por una abundante ensalada vegetal. En un restaurante especializado en carnes puede pedir un gran bistec, si le apetece, pero prescinda del pan, solicite que le sirvan la carne muy poco hecha y compleméntela con una ensalada del tiempo. Si se en­cuentra ante un gran buffet cargado con toda clase de postres tentadores que usted sabe no podrá resistir tras los platos principales, pues pres­cinda de los platos principales y cómase dos o tres postres, tras prepa­rar su estómago con las enzimas y la fibra de una buena ensalada. Donde hay una voluntad, hay un camino, y ahora que ya conoce el Ca­mino, todo depende de su voluntad de practicarlo.

Clasificación de los alimentos

Clasificación de los alimentos

I. Proteínas: aquellos alimentos que contienen al menos un 15 por ciento de materia proteínica.

Proteínas concentradas: carne, pescado, aves, huevos, leche, queso.

Proteínas ligeras: frutos secos, judías, guisantes, derivados de la soja, aguacates, cereales integrales.

II. Hidratos de carbono: aquellos alimentos que contienen al menos un 20 por ciento de féculas y/o azúcares.

Féculas: cacahuetes, plátanos, patatas, todos los productos a base de pasta, arroz, pan, tartas y pasteles, cereales refinados, etc.

Azúcares: azúcar integral, moreno y de caña en bruto, fructosa, miel, jarabe de arce, frutas pasas dulces (pasas, dátiles, higos, ci­ruelas).

III. Grasas: aceite de origen animal o vegetal.

De origen animal: mantequilla, nata, manteca, sebo, carnes graso­sas.

De origen vegetal: aceite de oliva, de soja, de girasol, de sésamo, de maíz, de cártamo, todos los aceites de frutos secos.

IV. Vegetales: lechuga, apio, col, coliflor, espinaca, brotes de soja, pe­pino, espárragos, cebolla, berenjena, nabo, berro, puerro, calaba­cín, judías verdes, pimientos verdes, rábano, zanahoria, alcachofa, aceituna, etc.

Excepciones: las patatas se cuentan como fécula; los tomates se cuentan como fruta ácida.

V. Frutas:

Frutas ácidas: naranja, pomelo, lima, limón, fresas, arándanos, piña, tomate.

Frutas subácidas: manzana, pera, melocotón, cereza, uva, albari­coque, nectarina, ciruela, etc.

Melones: sandía, melón (en todas sus variedades), papaya, etc.

Excepciones: los plátanos se cuentan como fécula; los higos secos, dátiles, pasas y ciruelas secas se cuentan como azúcares.

Indicaciones generales:

· No tome más de una comida diaria a base de proteínas animales con­centradas.

· Tome al menos una comida diaria a base de alimentos crudos, y pro­cure que al menos el 50 por ciento de su alimentación diaria consista en productos crudos.

· Observe las normas básicas de combinación de alimentos en todas sus comidas.

· Evite comer entre horas.

· Evite la leche pasteurizada y sus derivados, así como los huevos coci­dos. Pero si come estos productos, cómalos sin nada más.

· No empiece a comer nada más levantarse de la cama por la mañana; espere al menos una hora, y utilice esta hora para hacer ejercicio. Por la noche, no cene justo antes de acostarse; la última comida debe ser de 2 a 3 horas antes de irse a la cama.

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