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Archive for 9 09+00:00 noviembre 09+00:00 2008

“La luna nos conecta con nuestra naturaleza cíclica”

luna

Marianna García Legar. Arboleda de Gaia

Dama de la Luna, Dama de la Luna, ven a nosotras Dama de la Luna… (Canción popular)

La luna fue, junto a la menstruación de las mujeres la primera referencia que la humanidad tuvo para medir el tiempo. La regular alternancia de sus fases, repetida cada 29 días –y su sincronía con el sangrado de las mujeres de la tribu– ocurría en un ciclo corto muy accesible a la mente prehistórica, que observándolo pudo llegar a comprenderlo, representarlo y utilizarlo.

Los primeros calendarios de la humanidad que se han hallado consistían en muescas talladas en hueso o piedra reproduciendo ciclos de 13, que podrían contar tanto las lunas de un ciclo solar completo (año) como las menstruaciones de una mujer. La misma palabra menstruación comparte raíz etimológica con mensual y mes.

En las oscuras noches, la humanidad primitiva debe haberse sentido unas veces fascinada por su fría luz nocturna; y otras aterrorizada por su ausencia que abandonaba a todos en la oscuridad de una noche llena de peligros. Nuestros más antiguos antepasados celebraban con enorme alegría el cíclico y regular retorno a la luz, y veneraban ese misterio ligado a la misteriosa sangre de las hembras.

La luna siempre ha estado vinculada a la humanidad, pero muy especialmente a las mujeres. Ha representado la esencia de lo femenino y en la gran mayoría de las tradiciones espirituales ha sido honrada como una diosa.

Muchas culturas han representado el ciclo de la luna como una tríada femenina constituída por la doncella (cuarto creciente), la madre (luna llena) y la abuela (cuarto menguante). Estas tríadas nos ofrecen hermosas metáforas que pueden sustentar las diferentes eta-pas de nuestra vida como mujer. El cuarto rostro de la luna, la luna negra (nueva) no suele representarse porque como hechicera y reina del mundo subterráneo es invisible en la oscuridad de la noche. Llena de un profundo poder femenino salvaje, es el aspecto más misterioso de la Luna, que el patriarcado estigmatizó llenándolo de connotaciones perversas y demoníacas.

La Luna, hija de la Tierra como nosotras, es nuestra hermana. Ella es el espejo que a través de su ciclo de 29,5 días, nos permite comprender con facilidad nuestra propia naturaleza cíclica. Cuando las mujeres asumimos nuestra sincronía con la luna, entendemos la naturaleza de la realidad en la que todo lo que entra al mundo de lo manifestado, se desarrolla, muere y renace en una danza eterna sin principio ni fin.

Las mujeres somos, ante todo, seres cíclicos pero el patriarcado neoliberal en que vivimos no puede aceptar nuestra naturaleza que no responde al mandato de producir 8 horas al día todas las semanas. Cuando una mujer tiene su menstruación, su “luna” como nosotras decimos, lo que necesita es estar tranquila y descansar. No porque esté enferma, sino porque ha llegado el momento de interiorizarse y soñar para poder beber de su fuente interior, nutrir su alma y restaurar su energía. Sin embargo tiene que levantarse para ir a trabajar. En Argentina, en la década de los 50, Eva Perón legisló una ley para que las mujeres pudieran quedarse un día en casa cuando tuvieran su menstruación; yo creo que las mujeres deberíamos reclamar, entre otros, ese derecho.

Sin embargo, las mujeres que participamos en círculos en sincronía con la luna no somos “adoradoras” de la luna, porque el nivel de conciencia del tercer milenio en que nos ha tocado vivir no es el de la prehistoria, cuando realmente creían que la luna era una diosa que vivía en el cielo. Honramos la luna como un símbolo vivo que nos permite entender y celebrar nuestra propia naturaleza cíclica. Nos reunimos para celebrarla porque a través de esa cita mensual sincronizamos nuestro cuerpo con los ritmos del universo entero. Así se ponen en marcha procesos inter-nos que transforman la visión del mundo y de la vida de toda mujer que mantenga esta práctica en círculo durante un tiempo prolongado. Probad durante 13 lunas y notaréis los cambios.

Actualmente, la mayoría de mujeres apenas mira la luna ni le presta ningún tipo de atención. Los vínculos lunares, que nutren los cimientos de la memoria ancestral femenina, han sido interrumpidos. Para las mujeres es imprescindible restaurar esa vinculación.

No es difícil lograrlo. Nuestra naturaleza está tan ansiosa por fluir en libertad que responde con asombrosa velocidad a cualquier brecha que le ofrezcamos.

Lo primero que tenéis que hacer es conseguiros un calendario en el que figuren las fases de la luna y comenzar a medir el tiempo desde una perspectiva lunar. Cambiar nuestra manera de medir el tiempo es la primer medida de libertad que una mujer se debe a sí misma. El calendario lunar es un calendario que refleja los ritmos del universo; en tanto que el calendario gregoriano es una máquina de control político y económico que nos aleja de la naturaleza. No lo olvides, quien controla tu tiempo, controla tu energía. Tú eliges.

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El texto que reproducimos a continuación es un extracto del capítulo Conciencia lunar del libro: La Gran Madre Luna. Zsuzsanna Budapest. Ediciones Obelisco. 2001. España

Conciencia Lunar

Queridas lectoras os invito a que esta noche abráis vuestras ventana y busquéis a la Luna. ¿Donde está? ¿Qué hace? ¿Hay luna nueva o creciente? ¿Llena o menguante?. Ahora cerrad los ojos e intentad ver la luna en el interior de vuestro ser. ¿Cómo os sentís?.

Cada noche, o tan a menudo como sea posible, mirad el calendario lunar para saber en qué fase estáis y luego detenéos a observar la luna. Consideradla como a una viaja aliada. Hablad con la luna que hay en vuestro interior tal como hablaríais con una abuela comprensiva.

Las energías de mundo y el magnetismo de todo aquello que contiene agua están gobernados por la luna. Quizás estéis deseando seguir algunas de sus le-yes. Por ejemplo, si queréis que el pelo os crezca deprisa y con más fuerza, debéis cortároslo durante la luna creciente. Prestad atención para ver si realmente experimentáis cambios. Si tenéis que mudaros de casa, el mejor momento para encontrar un lugar adecuado es durante luna nueva.

Cuando haya luna llena, debéis salir a bailar y a divertiros, aunque no os coincida con el fin de semana. Observad vuestro nivel de energía; os daréis cuenta de lo activas y poco cansadas que os sentís hasta altas horas de la noche. La luna llena sólo resulta apropiada para los rituales, el amor y las fiestas. Si toda ésta energía se ve reprimida, debéis ir con cuidado por la calle porque puede haber peleas. También se recomienda conducir con cautela, porque los conductores se hallan bajo la influencia de la luna y ésta todavía los vuelve más locos de lo normal.

Cuando la luna entra en fase menguante, acabad todo lo que iniciasteis durante la luna nueva. No empecéis nada nuevo porque fracasará. No hagáis acuerdos ni firméis contratos; esperad la energía de la luna nueva para hacerlos. La luna menguante es la mejor época para cortaros las uñas de los pies con el fin que éstas tarden más en crecer.

Cuando leáis algo sobre las festividades de la luna celebradas por otras culturas, convertidlas en un acontecimiento vuestro. No importa en qué lugares del mundo hayan podido sobrevivir estas maravillosas festividades. Tan sólo existe un mundo, un planeta y una luna.

La conciencia lunar puede desarrollarse con gran rapidez. Empezaréis a reconocer la fase por la que está pasando la luna sin necesidad de mirarla. Seréis capaces de adivinarla simplemente por el tipo de energía que experimentáis en vuestros cuerpos. Incluso podréis llegar a decir: “estamos en luna menguante, no trabajemos demasiado” o “estamos en luna nueva, ahora es el momento de iniciar todos esos proyectos en los que estuve pensando cuando la luna menguaba”.

La luna y las mujeres tienen establecido un antiguo pacto. Obtuvimos nuestro mágico poder de la luna. Adquirimos todos nuestros conocimientos sobre la agricultura a través de la luna. Creamos una cultura basada en la luna y en la prosperidad. Tenemos lunas en nuestros cuerpos. La luna rige la vida y la muerte: el 60% de los nacimientos se inician en horas lunares, es decir por la noche; y unas veinticuatro horas antes de la luna llena, el número de ingreso en hospitales aumenta considerablemente.

Una vez hallamos despertado nuestra vinculación con la luna, podremos aprender más cosas sobre nuestro mundo y sobre las leyes invisibles de la naturaleza.

Compartido por Arboleda de Gaia

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En Octubre de 2004 trece abuelas indígenas procedentes de diversos lugares del planeta se reunieron cerca de Nueva York. Asistieron allí en respuesta a las señales que indicaban que había llegado el momento anunciado en antiguas profecías comunes a todos sus pueblos: llegaría un tiempo en que ellas serían llamadas a unirse para salvar a la Madre Tierra y todos sus hijos. En ese esperanzado encuentro ellas crearon el «Consejo Internacional de las 13 Abuelas Indígenas», cuyo manifiesto reproducimos a continuación:
«Somos 13 abuelas indígenas.

Venimos de la selva Amazónica, del Círculo Polar Ártico de Norte América, del gran bosque del noroeste americano, de las vastas planicies de Norte América, de los altiplanos de América Central, de las Blacks Hills del sur de Dakota, de las montañas de Oaxaca, del desierto del sudoeste de América, de las montañas del Tibet y de la selva de África Central.

Afirmando nuestras relaciones con la medicina tradicional y con las comunidades de todo el mundo, hemos sido reunidas por la visión común de formar una nueva alianza global.

Nosotras somos el «Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas». Nos hemos unido como una sola mujer en una alianza de oración, educación y sanación para la Madre Tierra. Trabajamos por todos sus habitantes y por todos los niños de las próximas siete generaciones.

Estamos profundamente horrorizadas por la destrucción sin precedente de la Madre Tierra, por la contaminación del aire, agua y suelo; por las atrocidades de la guerra, el azote global de la pobreza, la amenaza de las bombas nucleares, el derroche de la prevaleciente cultura del materialismo, las epidemias que amenazan la salud de los seres de la Tierra, la explotación de las medicinas indígenas, y la destrucción de nuestros modos de vida.

Nosotras, el Consejo Internacional de las Trece Abuelas Indígenas, creemos que nuestras maneras pacíficas de gestión y modos ancestrales de oración y sanación son vitalmente necesarios hoy.
Nos hemos unido para nutrir, educar y formar a nuestros niños. Para defender la práctica de nuestras ceremonias y declarar públicamente nuestro derecho a usar nuestras plantas medicinales libres de restricción legal. Nos hemos unido para proteger las tierras donde nuestras gentes viven y de la que dependen nuestras culturas, para salvaguardar la herencia colectiva de las medicinas tradicionales. En resumen, para defender la Tierra misma. Creemos que las enseñanzas de nuestros ancestros iluminarán el camino por este futuro incierto.

Nos unimos con todos aquellos que honran al Espíritu, con todos aquellos que trabajan y oran por nuestros niños, por la paz mundial, y por la sanación de la nuestra Madre Tierra.

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